LA BASURA MIGRATORIA QUE DONALD TRUMP NO QUIERE
Por Melvin Matthews.
El gobierno dominicano no tenía por qué involucrarse en la solución del problema migratorio creado por Donald Trump, el líder del mundo libre y presidente de la nación más poderosa del mundo, acatando Luis Abinader la imposición de aceptar en nuestro territorio a indocumentados de otras naciones desechados por el sistema migratorio de Estados Unidos.
Al respecto, creo que las capacidades legales, materiales y morales del Estado nacional deben emplearse ahora, casi exclusivamente, para contener el incesante flujo migratorio proveniente de Haití, y no destinar recursos presupuestarios constreñidos por la crisis mundial para alojar siquiera temporalmente a indocumentados o solicitantes de asilo detenidos en Estados Unidos, llegados allá ilegalmente desde naciones distintas a los países de tránsito o destino; o nacionales de terceros países.
Para esta gente, considerada una especie de basura humana migratoria, porque son ciudadanos extranjeros que ingresaron ilegalmente en Estados Unidos esperando deportación, el gobierno de Trump creó, desde su regreso a la Casa Blanca, una política exterior con la cual obliga a determinados aliados a cerrar tratos excesivamente convenientes a sus intereses o caprichos.
Debe recordarse que los conceptos de Trump acerca de los ilegales situados en territorio estadounidense han hecho saltar las alarmas de las organizaciones internacionales de derechos humanos, por prejuiciadas y extravagantes, como las acusaciones infundadas de que los inmigrantes son responsables de la criminalidad, el narcotráfico y la violencia que afectan a la sociedad norteamericana; incluso, acusó a ilegales haitianos de comer gatos en el estado de Texas durante su campaña electoral.
Es una ironía que la nación globalmente más poderosa, resulte incapaz de crear un mecanismo jurídico de acogida temporal para estas personas socialmente degradadas por su situación migratoria. En cambio, Trump recurre al poder imperial para diseminarlos por países geoestratégicamente dependientes de Washington, una versión legalizada del tráfico de personas, cuyos gobernantes jamás se negarán a tal compromiso.
En ese sentido, el gobierno dominicano enmarcó el memorando de entendimiento sobre la acogida de los deportados en la cooperación bilateral entre los dos países, y a la iniciativa Escudo de las Américas en el que participan otras naciones del continente.
Se ha informado que se trata de un acuerdo no vinculante orientado al ingreso temporal y excepcional a territorio dominicano de un número limitado de nacionales de terceros países, sin antecedentes penales y en condiciones de tránsito. Aclara que no incluye a nacionales haitianos ni a menores de edad no acompañados.
Esa basura migratoria, que Donald Trump no quiere, la ha diseminado mediante acuerdos con 27 naciones, la mayoría de los cuales no se han publicado. A mayo del presente año Washington ha cerrado tratos con México, un acuerdo de devolución y recepción de deportados con otras naciones; Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Belice y República Dominicana.
Asimismo, en África suscribió con Ruanda, Uganda, Angola, Enswatini (antigua Suazilandia) y Sudán del Sur. En Europa, solo Kosovo parece haber firmado y recibirá únicamente 50 asilados.
Finalmente, unas preguntas: ¿Cuántos deportados recibirá dominicana? ¿Cuánto se extiende la temporalidad? ¿Cuál será el financiamiento de Trump para cubrir los gastos de estadía en suelo dominicano de estas personas? ¿O será gratis?
Complacer las imposiciones y caprichos de Trump puede salir caro.
(El autor es periodista y Licenciado en Derecho)


