LEONEL OCULTA SU AMISTAD CON NICOLAS MADURO
Por Melvin Matthews.
Leonel Fernández estaba compelido a hablar acerca de la situación jurídico política que ahora encara su amigo Nicolás Maduro, capturado militarmente en Caracas, sometido a la justicia en Nueva York acusado de narcotráfico y terrorismo, pues como político opositor, aspirante a ganar la próxima elección dominicana, no puede arriesgarse al rechazo de Donald Trump y del establishment estadounidense, porque “observó” el fraude electoral a favor del dictador chavista en el 2024.
En lugar de exponer honestamente sus vínculos políticos y personales con Hugo Chávez y Maduro, el dirigente de la Fuerza del Pueblo (FP) estableció una vergonzosa narrativa, afirmando una supuesta actuación neutral e independiente que nunca tuvo, frente a la negativa de Maduro a presentar las actas probatorias de su alegado triunfo y a reconocer la victoria del opositor Raymundo González Urrutia.
Fernández también dedicó su alocución reciente a atacar la política exterior de Abinader contra Maduro, la cual ha sido de firme apoyo a la instauración de la democracia en Venezuela y de repudio a la dictadura izquierdista que sojuzga al pueblo venezolano, situación que enfrenta aquí dos visiones contrapuestas: Fernández fue invitado por Nicolás Maduro a justificar la fraudulenta elección, mientras Abinader rechazó el resultado propagado por el régimen con las consecuencias de una ruptura de las relaciones diplomáticas y la crítica mordaz desde Miraflores.
Conviene destacar un par de aspectos para entender la postura de Fernández. Cuando fue a cumplir su misión a Caracas en el 2024, ya él sabía que Maduro era un fugitivo de la justicia estadounidense, debido a que durante la primera administración de Trump se le instrumentó en 2018 un publicitado expediente por narcotráfico y, posteriormente, Joe Biden ofreció una recompensa de US$25.0 millones por su captura. Para Maduro, era una cuestión de vida o muerte la victoria, ya que abría la urgente impunidad para escapar de la justicia de Estados Unidos, usurpando el poder y engañando al mundo.
Sobre la alegada neutralidad, basta decir que fue invitado de Maduro a través del CNE para observar la farsa electoral. Junto al ex de Colombia, Ernesto Samper, fueron los únicos a quienes el régimen permitió la entrada a Caracas, mientras dejó varados en Panamá a la expresidenta de ese país, Mireya Moscoso, junto a sus homólogos, Miguel Ángel Rodríguez, de Costa Rica, Jorge Quiroga, de Bolivia y Vicente Fox, de México, invitados por la oposición. Más aún: Fernández y Samper se reunieron con Maduro en el Palacio de Miraflores.
El CNE, o Consejo Nacional Electoral, ente que invitó a Fernández, es un órgano apéndice del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), fundado por Chávez, un órgano eleccionario encabezado por el político Elvis Amoroso, un confeso chavista del círculo íntimo de Maduro, un personaje nada independiente que desempeñó funciones oficiales en el partido y en los gobiernos del actual procesado por la justicia de Estados Unidos.
Mientras tanto, la defensa de Abinader de la democracia venezolana, una nación históricamente amiga de nuestro país, trajo consigo la reacción grosera e inmediata de Maduro, quien al romper relaciones diplomáticas con varios países de América Latina, también ordenó las expulsiones respectivas de los embajadores acreditados en Caracas, representantes de la República Dominicana, Argentina, Chile, Costa Rica, Perú, Panamá y Uruguay. Leonel guardó silencio sobre tales tropelías antidemocráticas.
Al tiempo que Abinader lideraba a los gobernantes democráticos que demandaron la revisión de los votos, Fernández y Samper inicialmente emitieron un informe dando ganador a Maduro, reporte que posteriormente modificaron pidiendo entonces el diálogo entre las partes, cuando fue evidente la demanda creciente de la Casa Blanca por establecer la verdad solicitando las actas de apoyo a los supuestos 5,2 millones de votos atribuidos a Maduro. Las actas no han aparecido hasta hoy, mientras la oposición presentó el 80% de los sufragios.
La colaboración política y estratégica de Fernandez con el chavismo-madurismo es vieja, data desde su primer mandato 1996-2000, cuando trajo a Santo Domingo al entonces golpista fracasado de 1992, Hugo Chávez Frías, para una visita promocional y de financiamiento electoral en la República Dominicana.
Luego, Chávez, instalado ya en el gobierno de Miraflores, otorgó favores a granel y petróleo en abundancia a cambio de habichuelas negras, deuda que Leonel incumplió, pero Maduro heredó y tornó en amistad personal.
En una palabra: Leonel no fue un observador independiente –como falsamente sostiene-, se prestó en Caracas para testimoniar la fraudulenta victoria de Maduro y la masacre electoral de Corina Machado y Raymundo González Urrutia.
Finalmente, el apresamiento de su amigo Maduro resulta embarazoso para el futuro político de Leonel Fernández.






