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PRD, luchas internas, el liderazgo de Miguel Vargas y la adecuación política

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Miguel (Vargas) en los últimos años no le negó nada a Fiquito Vázquez y Julio Mariñez, quienes manejaron millones y millones de forma directa o indirecta, manejaron las facilidades y empleos que con el acuerdo con el PLD-Danilo les tocó al PRD en el pasado gobierno, afirma Fernando Peña en su artículo titulado «PRD, luchas internas, el liderazgo de Miguel Vargas y la adecuación política», que publicamos a continuación.

Por Fernando Peña.
No es negativo, mas bien es saludable que en los partidos políticos haya disidencia, discrepancias, corrientes internas no solo de contenido político e ideológico, sino también por el dominio y control interno de las organizaciones.
Claro, es negativo que en los partidos políticos se dé una lucha encarnizada por el dominio y control interno sin signo ideológico o la doctrina que los distingue y alienta.
Debe prevalecer el respeto a la pluralidad de las mayorías sobre las minorías.
En el PRD la lucha interna por el control de mando ha sido su principal déficit.
Por ello uno se extraña que un avezado dirigente de larga data, aguerrido en las luchas internas del PRD, me refiero a Fiquito Vázquez, haya enfilado sus andanzas políticas a lo interno de la organización en una lucha por el control partidario, enfrentando al nuevo líder y presidente Miguel Vargas; a él se le veía como un fiel defensor y auspiciador del ingeniero.
Mas extrañeza causa ver al viejo zorro perredeista Julio Mariñez en esas andanzas.
Ninguno de los dos puede sentirse ni discriminados y excluido de nada en el PRD, han sido querubines de Miguel Vargas.
Miguel en los últimos años no le negó nada, manejaron millones y millones de forma directa o indirecta, manejaron las facilidades y empleos que con el acuerdo con el PLD-Danilo Medina les tocó al PRD en el pasado gobierno.
Incluso, esos manejos crearon sensibilidades internas, malestar y la huida de militantes que se sentían discriminados y excluidos.
Tremendo error por parte de Miguel Vargas, debió dirigir personalmente e institucionalmente ese proceso.
Fueron ellos participes de los acuerdos, congresos y resoluciones que emanaron de los organismos y asambleas del partido blanco.
De donde salieron los poderes y controles que hoy tiene Miguel Vargas, que incluye la presidencia del PRD hasta el 2023.
Estoy diciendo la verdad, sin ningún tipo de animadversión hacia Fiquito, Mariñez y comparsas, a quienes valoro, e incluso en artículos anteriores los he resaltado como perredeistas y penagomistas.
Pero la verdad ha de ser dicha y expresada.
Antes de adoptar esa actitud, a la cual tienen todo su derecho legítimo, debieron observar las distintas sensibilidades internas y la importancia de la unidad que hoy más que nunca necesita el PRD.
Esa obsesión de los perredeistas a la desobediencia, al caos y a la indisciplina solo por tener o lograr un dominio, los acerca cada vez más hacia la nada.
El objetivo debe ser construir un proyecto, un partido potente con el esfuerzo común, la unidad alrededor de Miguel Vargas como candidato presidencial y nuevo líder del PRD.
Debo aclarar que no tengo nada personal contra los que hoy adversan a Miguel Vargas, pero sí matizar que están equivocados.
¿Qué balance positivo para el PRD dejará esta manifestación de lucha interna a destiempo, cuándo lo que se precisa es unidad, organización y disciplina en el partido blanco?
Qué buen momento hubiera sido para que los ayer leales protectores de Miguel Vargas, hoy sus adversarios, hicieran un gesto de reconocimiento hacia un hombre de bien, eficientísimo en sus funciones públicas, auspiciador de la pluralidad y unidad democrática en su partido y el país, características de las cuales ellos mismos han sido los más beneficiados.
Y que a la vez aspiraran dirigir al PRD en el marco de una propuesta el compromiso con un proyecto de formación, crecimiento, unidad que acercara al partido a los intereses de la mayoría social, y a la vez auspiciaran la participación activa de la militancia, priorizando así los intereses de la ciudadanía, por encima de los políticos, combinando la acción social y la institucional, tan necesaria en los momentos más difíciles de nuestra historia por la crisis sanitaria y económica.
Pero, lamentablemente, lo que observamos en esos dilectos amigos es una lucha interna que como siempre suele desembocar en feroces reyertas y venganzas personales que, al final de cuentas, lejos de fortalecer y dar cohesión orgánica al partido, acaban fracturándolo y, por lo mismo, debilitándolo.
Después del proceso electoral, la lucha interna se intensifica y amplía, más después de la derrota, donde se tienden a exigir cuentas, se exigen cuotas de poder interno, donde no asumen ser responsables de derrotas y yerros; es más fácil buscar un culpable, abrir la pelea, ensangrentar la arena y pescar en río revuelto.
Los reclamantes de hoy son tan, o más responsables de cualquier yerro cometido, más incluso de quien ellos piden la cabeza.
Mientras estaban bajo la sombrilla estatal, valga decir en el presupuesto nacional, todo era bueno y Miguel Vargas era el mejor y llovían las alabanzas, hoy exigen cambios en la conducción y revisión profunda del liderazgo político perredeista.
Atrás quedó la prepotencia y arrogancia, atrás quedó el ceño fruncido, la inaccesibilidad a los compañeros, la exclusión grosera y el silencio hostil hacia la militancia que exigía ser tomada en cuenta, porque veían el reparto y los nombramientos, no de los cuadros del PRD, sino de los amigos y conocidos en el gobierno compartido, donde Miguel Vargas depositó en ellos la confianza, la sinceridad para hacer el trabajo político que, claro, nunca se hizo.
Los ejemplos sobran, y una mirada somera al escenario pasado es suficiente para comprobar estas afirmaciones.
Miguel Vargas los cubrió a ellos con el manto de su magnanimidad, para que resolvieran, hicieran el trabajo político y fortalecieran al PRD. Hicieron todo lo contrario.
Ellos son una amuestra más de que el poder obnubila y, a veces, distorsiona de tal manera el carácter y la conducta de quienes lo detentan.
Miguel Vargas siguió siendo el mismo, el poder no lo cambio, delegó en sus principales colaboradores, y se concentró en hacer una gestión como Ministro de Relaciones Exteriores que es ejemplar e histórica, pero la contraparte política no la hicieron ellos y hoy vemos los resultados.
Recuerden, el que reclama lo que cree merecer, bien puede recibir su merecido. Y el que disiente, corre el riesgo de sufrir el ostracismo. Peor le puede ir al que pretende disputar el poder interno y convertirse en aspirante interno prematuro.
Convencido estoy que Miguel Vargas saldrá fortalecido de esta contienda interna, ya tiene la necesaria contraparte partidaria.
El hermano de ayer convertido en el verdugo de hoy, esa es la vida, esa es la política.

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