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La segunda vuelta electoral, ¿A quién penaliza? Por Melvin Matthews, Editor LA PRENSA DE HOY

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LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL, ¿A QUIÉN PENALIZA?
Por Melvin Matthews.
La fórmula política apropiada para evadir el desafío de una segunda vuelta electoral, consiste en que la percepción de una buena obra de gobierno prevalezca en el electorado, sostenido por un partido oficial sólidamente unificado y liderado por un atractivo candidato presidencial.
Esa ha sido la historia de las elecciones presidenciales dominicanas de los últimos tiempos, de las cuales han resultado reelectos consecutivamente, desde el 2004, los tres últimos presidentes que han gobernado la nación: Leonel Fernández, Danilo Medina y Luis Abinader. Y ha de ser, a mi juicio, la receta que el oficialismo tendrá que aplicar en los próximos comicios del 2028, si el PRM aspira a convertirse en la segunda organización que gana al hilo tres elecciones libres. El primero fue el PLD con cuatro victorias sucesivas.
Aunque legal, la segunda vuelta electoral tuvo un origen infame y espurio, porque fue introducida para impedir la victoria del ilustre candidato presidencial demócrata del PRD, dominicano de ascendencia haitiana, José Franci9sco Peña Gómez; era la parte in fine de la reforma constitucional del 1994, forzada para encubrir el fraude electoral y solventar la crisis política posterior, desatada tras otro intento continuista de Joaquín Balaguer y sus secuaces, aprobada junto a otras decisiones por el Congreso Nacional oficialista, con influencia del PLD, a quien Balaguer le había cedido la presidencia de los Diputados.
Desde su funesta promulgación, solo una vez fue necesaria una segunda vuelta y ocurrió para lo que fue diseñada: sacar de competencia a Peña Gómez en 1996, cuando la denominada “alianza rosada”, de balagueristas y peledeistas, respaldó el triunfo del mulato Leonel Fernández, quien había llegado detrás del candidato del PRD y aliados. Dos años después, el líder perredeista murió.
En el 2000 se presentó otra posible segunda vuelta, cuando Hipólito Mejía alcanzó menos del 50% del voto presidencial (49.34), y Balaguer, que llegó tercero en su última incursión electoral, pidió reconocer la victoria del perredeista, quien superaba cómodamente a Medina, ocupante del segundo puesto. A propósito, Mejía es el único que fracasó un proyecto reeleccionista junto a Horacio Vásquez en 1930..
Actualmente, portavoces de la oposición vaticinan una segunda vuelta para el 2028. No parece que se concretará, primero porque el electorado ha marcado la tendencia de dirimir las elecciones en primera vuelta para evitar las tensiones subyacentes y ahorrarse los elevados costes presupuestarios de la campaña electoral.
Creo que la segunda vuelta penaliza al ganador de la primera, porque no cubrió la proporcionalidad prevista en la Constitución. Un absurdo, que abre una posibilidad ganadora al segundo lugar, alguien capaz de armar precarias alianzas para instalar un gobierno de minorías.
Al respecto, cuenta Campillo Pérez que la Constitución del 6 de noviembre de 1844 decretaba ganar la elección con la mayoría absoluta, es decir, la mitad más uno de los sufragios, pero si ningún candidato alcanzaba la meta no había segunda vuelta; en su lugar, el Congreso, reunido en Asamblea Nacional, escogía al presidente entre los tres candidatos más votados. (Origen y Evolución de la JCE, págs. 11 y 12).
La fórmula es: buen gobierno, partido unido y atractivo candidato presidencial.

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