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La gestión de Abinader ante una guerra injustificada, por Melvin Matthews, Editor LA PRENSA DE HOY

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LA GESTIÓN DE ABINADER ANTE UNA GUERRA INJUSTIFICADA
Por Melvin Matthews.
La guerra emprendida por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra Irán, ha metido al mundo en un conflicto global de difícil solución en términos económicos, de relaciones internacionales propicias para la estabilidad futura del Medio Oriente y la paz mundial.
Aunque casi todas las naciones están contestes en que el régimen de los ayatolas no debe acceder al armamento nuclear, debido al peligro que representa para la existencia del Estado de Israel, tal beligerancia únicamente satisface el ego inflado del líder israelí, la megalomanía de Trump y a la industria militar estadounidense.
Esa conflagración, a pesar de la cercanía de la Casa Blanca y la gobernanza de Abinader en ámbitos de política exterior, comercio y narcoterrorismo, afecta gravemente la economía dominicana, que en los últimos tiempos ha experimentado un audaz desarrollo integral, dada nuestra condición de país importador de combustibles derivados del petróleo, particularmente si el conflicto se extiende.
El estallido ha compelido a Abinader a ejecutar estrategias basadas en la colaboración interinstitucional y la gestión macroeconómica, porque el shock externo causado por la guerra es un evento inesperado y repentino, originado fuera de nuestra frontera, que ya hizo variar los precios de materias primas, provoca inflación y una mayor demanda de endeudamiento para reducir los déficits fiscal y comercial resultantes.
De manera optimista, Abinader afirmó en un mensaje público que la nación se encuentra preparada para enfrentar las consecuencias graves provenientes del exterior, que resumió en tres objetivos fundamentales: mantener a toda costa la estabilidad macroeconómica, fiscal y social.
Segundo, mantener los precios de los alimentos e insumos agropecuarios, así como la implantación de un subsidio a los fertilizantes por el monto inicial de RD$1,000 millones, que mantendrá los precios al nivel anterior al estallido de la guerra y, tercero, sostener la inversión pública como motor del crecimiento económico, incluso en esta coyuntura internacional compleja.
La pregunta es: ¿Cómo saldremos de este injustificado atolladero? Depende de Washington, Tel Aviv y Teherán.
Por ende, más allá del eficiente manejo que pudiera impregnarle Abinader a la crisis, la guerra contra Irán amenaza extenderse involucrando a otros países de la región, al margen del esfuerzo diplomático internacional para lograr, al menos, un cese al fuego, pues ese problema es el resultado de un complejo sistema de causas históricas entre Tel Aviv y Teherán, ideologías en disputa, intereses estratégicos y alianzas internacionales.
En cuanto a Washington y su enemistad hacia Irán, intensificada este año con ataques directos a instalaciones nucleares y miliares, se sustenta en décadas de desconfianza desde la Revolución Islámica de 1979, que transformó a Irán en una teocracia antiamericana. Las tensiones se profundizaron debido al programa nuclear iraní, la influencia regional de Teherán, el apoyo a milicias contrarias a Israel y las sanciones económicas impuestas sucesivamente por los últimos gobernantes estadounidenses contra el régimen persa de los ayatolas.
Aquí, Abinader ha hecho un oportuno llamado a la unidad, porque la inflación suele trasladarse rápidamente al transporte público, generación eléctrica y producción industrial en la antesala de la lucha electoral.

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